Enrique Cadícamo (General Rodríguez, Bs. As. 1900-1999)

Por Rafael Flores Montenegro
Ilustrado por Nicolás Picatto.

Las letras del Tango y sus Poetas
ENRIQUE CADÍCAMO (General Rodríguez, Bs. As. 1900-1999)

 

Su obra ronda la suma del tango, por la temática, los estilos, sus recursos verbales y dramáticos, su variedad que incluye épocas muy distantes entre sí. Décadas diríamos, que son de alguna manera las medidas en la historia del tango.

Nació en un pueblo de la Pampa húmeda, en la provincia de Buenos Aires. Sus padres eran gente de trabajo pero sin problemas económicos. De origen griego e italiano, se identificaron plenamente con la idiosincrasia gauchesca. Antes de la adolescencia emigraron a la capital argentina. Se aficionó a la literatura, al boxeo, a la música, etc. Empezó a trabajar en la administración pública a los dieciocho años. Trabó relaciones con la juventud inquieta en la cultura de esos tiempos. En 1925 conoció a Gardel, ya entusiasmado con su tango Pompas que incluyó en el repertorio de actuaciones y discos. La colaboración con el cantor fue realmente fecunda pues hay 23 tangos de Cadícamo grabados por Gardel. Temas que elevaron personajes a la condición de cuasi legendarios, humorísticos, mundanos, camperos. Algunos también de brillante crítica social planteada con distancia, como de comentario en mesa de café más que de tribuna, pero certera y directa. Otros de indagación existencial en el marco de las inquietudes que cruzaron la poesía de los años 1940 en adelante.

Nunca tuvo problemas económicos… las obras teatrales primero (El romance dedos vagos y Se apareció la viuda, de 1925, escritas en colaboración con Germán Ziclis. Luego Así nos paga la vida, de 1926, escrita con Zenner, seguida de Cinco cuentos ilustrados, en solitario con varios títulos más), como las letras de tangos famosos que tras Pompas (1924), continuarán Che, papusa oí; Cruz de palo; Callejera; Muñeca brava; Che, Bartolo; Al mundo le falta un tornillo; Compadrón, etc. Todos éxitos que le permitieron renunciar a su trabajo en el Consejo Nacional de Educación y vivir de los derechos de autor. Se calculan en cerca de mil trescientas sus canciones… de las que se pueden señalar más de cuatrocientos tangos, algunos estrenados hacia los años finales de su vida que se apagó el 3 de diciembre de 1999. Asimismo es notorio un período que abarca la década de 1920, con cierto aire de alarde, de fiesta zumbona y volcada hacia delante, distinguible de lo que vino después donde se nota en sus composiciones mayor peso de la reflexión, la duda y pesquisas en el mundo interior de los personajes.

Entre tangos de esta índole habrá que recordar Cuando tallan los recuerdos, Nostalgias, Los mareados, Por la vuelta, Recién, Nieblas del Riachuelo, Garúa…en la reducidísima mención que hacemos de su dilatada y grande obra.

Además de las piezas teatrales que siguieron a las mencionadas, habrá películas, biografías, memorias, novelas y bellos libros de poemas.

Se adaptó a los cambios de los climas sociales en los que se inscribía el tango con delicada versatilidad. Su adicción al trabajo artístico fue permanente y es improbable no encontrar obras suyas en las interpretaciones de cantantes que comenzaron con Gardel y que perseveran en el presente entre tangueros y cantantes de otros géneros.

Nunca perdió el estilo elegante, el humor, la nostalgia ni la vista en el pulso a los dramas concretos que atravesaron los personajes retratados a través de sus letras. Inclusive, hay una lista también importante de obras que en tiempos firmó como Rosendo Luna o directamente como Enrique Cadícamo -el motivo resultaba de ser autor de la letra y también de la música-. Consideramos Tres amigos, Por las calles de la vida, Adiós Chantecler, El Cuarteador, y otras.

Indudablemente la evaluación que realizan diversos historiadores acerca de Cadícamo como el poeta más completo de la temática tanguera puede hasta considerarse adecuada. Podría agregar, para resumir, que cubrió la etapa narrativa primera del tango y supo instalarse también en la posterior con elevado tono introspectivo acorde a las búsquedas estético-filosóficas que se prolongaron a partir de la Década de Oro del Tango.

En lo personal practicó una especie de insinuado dandismo, siempre atento al buen gusto en el vestir y en los hábitos bohemios de disfrutar de la noche con elegancia. Se distanció de los vanguardismos enfáticos por formación y por convicción. No deseaba llevar a la gente tras sus puntos de vista, sino antes poner la voz a la ola que se agitaba perezosa en las profundidades.

He visto en Cadícamo la preocupación por hacer un “retrato de Buenos Aires” en la llamada Década Infame. Da en sus versos lo que tiene, lo que se ve o puede ver en las nieblas del presente… Ganaba dinero con su talento, fiel a una preceptiva propia más adscripta a lo que la intuición o el olfato le dictaba, que a posiciones de colectivos sociales. Llevaba bien auscultado el pulso de los tiempos. Cuando los triunfos del aplauso se alejaron del eje tanguero al que conocía mejor que muchos, aceptó que las cosas sucedían de ese modo. “Hoy no hay un éxito tanguero desde hace muchos años” dijo en el último cuarto del siglo XX. No callaba, aunque tampoco buscaba la polémica. Había trabajado en los códigos de las leyes del capitalismo que le tocaron, cuando el tango estaba en alza en el mercado. Le tocó hibernar, trabajando en biografías, novelas y memorias también, cuando sus acciones cayeron ante la “prepotencia” musical anglosajona. Cadícamo es un poeta grande que retrata en tono subjetivo los avatares del Sur, sus sabidurías que comprenden ascensos y caídas como hechos del vivir.

 

Acerca del tango AL MUNDO LE FALTA UN TORNILLO (1932), una memoria

 

Eran los años de la crisis de 1930, de la Década Infame que inauguró la calamidad de los golpes de estado y la “fiesta” de los sables cuidando las oprobiosas arcas de los millonarios multinacionales. Nada más claro para él que describir la realidad de los días, presentarla con llagas y heridas. Entre sus razones están que “hubo desocupación y ésta trajo como consecuencia la primera Villa Miseria que ocupó el sector de Puerto Nuevo y comenzó a hacer funcionar la tristemente recordada primera olla popular”. Son sus palabras, las de un entusiasta con la Argentina de entonces, hijo de inmigrantes que prosperaron por el trabajo empeñoso y creyeron en el país diseñado por la llamada Generación de 1880. ¿Diseñado para la prosperidad? Hoy lo dudamos porque “el barro de lo real” estaba sembrado de crímenes contra las montoneras del interior y del genocidio indígena. Pero a Cadícamo aquello le quedaba lejos, aunque muy pocos fueron los años transcurridos. Además, las luces de su presente en la ciudad tenían sobrada irisación de fiesta.

Entre el humor y el “cantar las cuarenta” se desarrolla este tango, con arremetidas y ralentandos expresados en el estribillo que progresa de manera casi tautológica (si le falta un tornillo, es tema de mecánicos), que algunos tomaron falazmente como necesidad de liderazgos providenciales. Nada de eso, el tema se vence hacia el amargo diagnóstico de las carencias sobrevenidas. “Crisis, bronca y hambre…”, el cóctel que puede preparar las condiciones pre-revolucionarias. El poeta no adelanta si hay que organizarse, ni cómo hacerlo. Expone el diagnóstico sin enigmas “el que compra diez de fiambre/ hoy se morfa hasta el piolín.”

Salió al ruedo este tango de Cadícamo antes que el famoso Cambalache de Discépolo. Dicen que trajo un malentendido entre ambos autores por la afinidad temática, muy explícita para retratar la retracción estructural de Argentina sobrevenida tras el sismo de Wall Street en 1929, que adquirió proporciones de tsunami en Latinoamérica. Malentendido innecesario e insostenible para nosotros, hoy. El valor de estos tangos está en su capacidad para romper fronteras y coyunturas históricas. Uno quita hojas del calendario y vuelve a plantar en tierras amargamente fértiles estas canciones. Y regadas ahora con más aguas de desasosiego como son las producidas por la depredación del planeta para el enriquecimiento sin fin, incomparable, de sus principales responsables. Sí, San Pedro abrió el portón donde con potentes llaves tendría retenido a los demonios.

Lo grabó Carlos Gardel, en una especie de puesta dramática con diálogos incluidos en escena. Hay también excelentes grabaciones posteriores de Julio Sosa, Edmundo Rivero, Lalo Martel… y otros.

 

AL MUNDO LE FALTA UN TORNILLO (1932)

 

Todo el mundo está en la estufa,
Triste, amargao y sin garufa,
neurasténico y cortao…
Se acabaron los robustos,
si hasta yo, que daba gusto,
¡cuatro kilos he bajao!
Hoy no hay guita ni de asalto
y el puchero está tan alto
que hay que usar el trampolín…
Si habrá crisis, bronca y hambre,
que el que compra diez de fiambre
hoy se morfa hasta el piolín…

 

Hoy se vive de prepo
y se duerme apurao.
Y la chiva hasta a Cristo
se la han afeitao…
Hoy se lleva a empeñar
al amigo más fiel,
nadie invita a morfar…
todo el mundo en el riel.
Al mundo le falta un tornillo
que venga un mecánico…
Pa’ ver si lo puede arreglar.

 

¿Qué sucede?… ¡mama mía!
Se cayó la estantería
o San Pedro abrió el portón…
La creación anda a las piñas
y de pura arrebatiña
apoliya sin colchón.
El ladrón es hoy decente
a la fuerza se ha hecho gente,
ya no encuentra a quién robar.
Y el honrao se ha vuelto chorro
porque en su fiebre de ahorro
él se “afana” por guardar.
Al mundo le falta un tornillo,
que venga un mecánico.
pa’ ver si lo puede arreglar.

 

Letra : E. Cadícamo.

Música : José Mª Aguilar